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YOGI BHAJAN

Desde hace muchísimos siglos la enseñanza del yoga se ha transmitido en India bajo un sistema basado en la relación sagrada del maestro con el discípulo. En este esquema una persona que aspire a profundizar en la práctica yóguica necesita primero encontrar un guru que acepte responsabilizarse por su proceso; una vez que lo ha encontrado el discípulo se entrega por completo a seguir y servir a su maestro, que irá guiando paso a paso su experiencia. Por la naturaleza misma de este proceso el número de personas que puede recibir la enseñanza está limitado a unos cuantos que puedan sostener ese nivel de relación personal con el guru. Al cabo de los años acaso algún discípulo alcanza el grado de desarrollo necesario para convertirse él mismo en maestro, y el linaje se preserva en la persona del nuevo guru.

Yogi Bhajan se formó dentro de este antiguo sistema tradicional, pero tuvo la osadía de cuestionar su validez de cara a las nuevas condiciones de la sociedad mundial al entrar a la cúspide de la Era de Acuario. En contra de las advertencias de amigos y compañeros vino al continente americano y comenzó a enseñar abiertamente. Por principio rechazó la idea del sistema iniciático, que consagra el vínculo entre guru y discípulo, declarando que cada individuo tiene que ser capaz de contactar con la esencia del “guru” – el camino, la fórmula que lleva de la oscuridad a la luz – dentro de sí mismo, y así recibir su propia iniciación.

Yogi Bhajan no se erigió en guru de nadie. Sacrificando la relación con su propio maestro, se negó a entregarle discípulos, devolviendo a los alumnos directamente a la fuente infinita de creatividad que reside dentro de cada uno. Este acto traslada la responsabilidad del proceso de crecimiento y trascendencia al propio alumno, quien se convierte de esta forma en maestro de sí mismo – no en guru, no en padre espiritual de sus alumnos ni en salvador de las masas, sino en guía de su propio sendero hacia la esencia del ser.

De forma absolutamente coherente con este salto sin precedente en la evolución del yoga, Yogi Bhajan no coronó un heredero que continuara el linaje de maestro y discípulo; antes bien legó toda la potencia de la ciencia sagrada de Kundalini a la unidad de la comunidad de practicantes – maestros y alumnos a la vez – para toda la posteridad.

De este modo el maestro Harbhajan Singh rompió con la venerada tradición del linaje personal, mostrando en su lugar el modelo trascendente del linaje esencial: la conciencia individual del yogui procede de la conciencia universal del principio y fluye hacia la unidad con la conciencia colectiva: el arquetipo de la Era de Acuario.

Tal como nos enseñó, no hay mejor forma de honrar su memoria que a través de nuestra sadhana, nuestra práctica espiritual – reunidos en sangt, en comunidad – para manifestar al Uno en cada uno, a través de cada acción, de cada palabra, y de cada respiración.