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Posted on: Miércoles, dic 7, 2011
El Precio de la Velocidad: Viviendo Integro en una Era de Desintegración
Por Guru Fatha Singh Khalsa*
Un lunes, di una charla al comienzo de una clase de Kundalini Yoga que enseño sobre los apoteósicos cambios que estamos experimentando en cada esfera de nuestras vidas en estos días. La diecisieteañera Stephanie y su madre eran parte de esa clase en la Escuela Comunitaria de Islington en Toronto. Después, la madre de Stephanie, con Stephanie justo detrás de ella, se me acercó y me dijo que este año cuatro chicas se habían suicidado en la escuela de su hija.
Cuando Stephanie comenzó a hablar por sí misma, se hizo evidente que estaba teniendo dificultades para sobrellevar todavía una pérdida más. “Ella era dos años más joven que yo”, decía incrédula. Era como si Stephanie y su madre habían venido como para poner más énfasis en mi conclusión que, como cultura, no sabemos a donde nos dirigimos.
Dos mil… dos cientos.. y en algunos lugares hace tan poco como veinte años, la vida todavía seguía un ritmo largamente arraigado, largamente ininterrumpido. La mayoría de nosotros vivía en centros rurales y existía muy de acuerdo con nuestros ambientes naturales y al dictado de las tradiciones culturales. Eso por consiguiente era muy similar a como nuestros padres, y los padres de nuestros padres y los otros antes que ellos, habían vivido. Mayoría de la gente cultivaba o pescaba en pequeñas, íntimamente ligadas comunidades donde la interdependencia era una regla de la vida. Aparte de guerras ocasionales o habrunas o epidemias, casi nada cambiaba.
Eso era entonces. Hoy, podemos decir: “¿Qué no cambia?. La relaciones familiares y comunitarias, el trabajo y el juego, la ciencia y la educación han cambiado drásticamente y lo continúan haciendo cada día. Por un día o un periodo corto de tiempo, como un interludio dramático, esto puede ser muy emocionante. Vivir en el medio de ello, semana tras semana, año tras año, puede resultar entumecedor para el alma.
Dos siglos de cambios siempre más frenéticos han afectado nuestros pensamientos, nuestros sentimientos hacia nuestras familias y a nosotros mismos y un buen montón de cosas más. Se han escrito libros sobre revoluciones industriales, revoluciones tecnológicas, revoluciones comunicacionales, revoluciones políticas, revoluciones sociales, revoluciones sexuales.
Durante doscientos años, el énfasis ha estado en el individuo, el núcleo, a expensas de nuestra red infinita de relaciones. Las políticas gubernamentales han sido diseñadas e implementadas para arreglar algunos de los peores casos de desplazamiento social y agitación ambiental. Pero la transfiguración del mundo como lo conocemos, la erosión de los ritmos sutiles y las limitaciones heróicas de la naturaleza y cultura y la simple humanidad, parecen estar sobrepasando nuestra capacidad de apreciarlo, ni que hablar de anticipar sus resultados en nuestra salud, felicidad y sentido de comunión con la vida en todos sus maravillosos aspectos.
Educación
Empecemos nuestro estudio hace doscientos años con los inicios del sistema moderno de educación.
“La educación es buena. ¿O no?” podrías objetar. “Alfabetismo es una señal universalmente reconocida de una cultura avanzada. La educación de las niñas es especialmente importante en países en desarrollo. ¿Qué hay de malo con la educación?
Suspendamos nuestro juicio por unos minutos mientras observamos las bases del nuestro actual sistema educativo. Nuestro sistema de educación pública tuvo su base en un acto legislativo de la Francia revolucionaria, pero realmente tuvo raiz en un pequeño y orgulloso estado militar de Prusia. Ahí, entre las secuelas de la derrota del ejército prusiano por parte de Napoleón en la batalla de Jena en 1806, fue que el filósofo alemán Johann Fichte abogó por enganchar a los niños de la nación con los intereses del estado. Después de una década de debate, un sistema escolar centralizado se impuso para entregar soldados y trabajadores obedientes, sirvientes civiles sumisos y empleados, con una cultura e ideología común.
Primero, la escuela era solo para los niños y constaba de unas pocas horas al día. En la primera década de los 1800 la mayoríad e familias todavía cultivaban y como cada miembro de la familia era requerido durante la cosecha, entonces no había escuela para ellos. Conforme las décadas, y reflejando la creciente urbanización de las sociedades por doquier, las jornadas de escuela eventualmente se volvieron de hasta seis o siete horas diarias y se alargaron a lo largo del año.
La educación masiva sirvió a los intereses de una sociedad industrial emergente. Creo una fuerza de trabajo homogenea compuesta de unidades intercambiables con una colección seleccionada de habilidades estandarizadas. En Estados Unidos, se utilizó para “americanizar” a la vasta población de eslavos y mediterráneos que para 1896 había comenzando a superar a los inmigrantes anglosajones de Europa. La educación masiva también centralizó en el estado corporativo a expensas de la autonomía local y la auto-dependencia, aun yendo tan lejos que alcanzó a minar la una vez sacrosanta integridad del hogar y la familia.
Todos entraron al sistema escolar solos, como individuos. El sistema de salud pública en el Occidente muy pronto adoptó el mismo modelo, donde los pacientes eran admitidos para atención como individuos aislados. Después de doce o dieciseis o más años de rebotar de una campana a otra y de maestro en maestro y de escuela a escuela, un alumno era propenso a ser socialmente desconectado y, por consiguiente, un miembro totalmente calificado de nuestro culto al individualismo.
El sistema de educación en masa inhibió los aires individuales de extravagancia o genio y generalmente fomentó la media a costillas de los extremos. Así, la campana de Gauss había nacido (Bell Curve). Hasta ahora, la mayoría de estudiantes son regularmente humillados llevando en la frente como etiquetas las Cs o Ds. En esta cultura de calificaciones, una considerable cantidad de la autoestima y mucha originalidad es inhibida, sino totalmente destruida, frecuentemente a pesar de las buenas intenciones de los atentos maestros. Ellos mismos son solo funcionarios de un muy equivocado sistema impersonal.
Hoy, nuestro sistema escolar junto con los medios globalizados, cumple una poderosa función de relativización cultural. Naomi puede ser la mejor matematica de su clase, pero si no es la mejor de su escuela. Juanito puede ser el mejor cantante de su escuela, pero no lo es de la ciudad. Stephanie puede ser ma mejor corredora de su ciudad, pero no es la mejor en su provincia. Harry puede ser el mejor deletreador de su provincia, pero no es el mejor del país. Olivia puede ser la mejor ajedrecista de su país, pero no lo es a nivel mundial.
Este sistema de trivialización a través de las escalas comparativas es humillante para todos excepto un excepcional puñado. A su vez sirve a la cosificación de las “estrellas” mediáticas y celebridades, individuos muy alejados de las vidas y habilidades de la mayoría de las personas. Estos son los dioses distantes de nuestros tiempos. ¿Inspirador? Para nada.
Muchas partes del mundo están ahora llenas de descontentos pero educados jóvenes. Y aun cuando una educación decente cuesta una pequeña fortuna, muchos jóvenes, recién formados, comienzan sus vidas laborales atados a un cepo de endeudamiento. ¿Inspirador? No mucho. La deuda roba tiempo a una persona, lo cual incide en que tenga más estrés.
Urbanismo y Dislocación y Aislamiento Social
En los últimos doscientos años, decenas de millones de habitantes del campo han dejado sus tierras ancestrales y linajes para establecerse en ciudades y países alejados de su hogar. Redes familiares que habían crecido como un bosque de robles a lo largo de cientos de generaciones, fueron disueltas con el chirrido de un vagón cargado de objetos personales, el silbato de una locomotora o el estruendo de un avión a propulsión ascendiendo a lo alto del cielo.
La mayoría de migrantes llegaron en busca de oportunidades económicas y algunos de libertades religiosas y políticas. Hoy, Hoy, en el campo y la ciudad, deben todos sufrir algún grado de azote de la desarraigo. Por millones, existimos, muchos de nosotros en los trágicamente denominados “apartamentos”, rigurosamente aislados de nuestra red de relaciones. Mujeres, madres y abuelas, tías y sobrinas, hijas y nietas, hermanas y cuñadas, en sí mismas la matriz del corazón y el hogar y la comunidad, sufren la mayoría de estas divisiones y correrías.
No hay un precio que se le pueda poner a la pérdida de estas elaboradas y entrelazadas relaciones. ¿Cual es el valor de tener una tía favorita o un tío favorito viviendo calle abajo? ¿Cual es la significación cuando un niño tiene dificultades con sus padres y no hay ningún familiar para escucharlo y ofrecer ánimo y conciliarlo? ¿Cual es el valor de que una esposa angustiada tenga un oído comprensivo cerca de casa? ¿El valor de alguien fiable para cuidar a los niños cerca de casa y gratuito?
Para muchos, es una dislocación que nunca acaba. El norteamericano promedio se muda cada siete años por razones laborales y familia y educación. Colectivamente, ¿nos atrevemos a preguntarnos hacia donde vamos?
Niños de los Medios Masivos
Conforme millones y millones de individuos desarraigados descendieron en las ciudades, nuevas formas de interactuar, relacionarse y involucrarse en relaciones fueron inventadas. Aturdidas o asustadas, según sea el caso, mujeres solteras que en los años 1800 habían entrado a noviazgos bajo los ojos vigilantes de sus padres, salieron a citas sin supervisión y con resultados mixtos. La dinámica del poder había tenido un cambio, y ese cambio, especialmente durante la agitación social de las guerras mundiales, no favoreció a las jóvenes mujeres.
Al desenmarañarse las tracionales redes sociales con sus conceptos de “buenas” familias, y énfasis en el carácter moral y social o la afiliación religiosa engendraron nuevas industrias basadas en los recientemente creados medios sociales. Estas nuevas industrias sacaron provecho de y se nutrieron de la recién descubierta cultura de superficialidad, donde algunos valores e integridad comprobados importaron menos que casuales primeras impresiones y la apariencia física. Empezando alrededor del 1900, una cultura de masas de modas y peinados siempre cambiantes y una nueva estética de delgadez fue difundida y reforzada por la publicidad y las revistas de mujeres. Primero en Occidente y después en el resto del mundo. En breve, los hombres también se estaban convirtiendo en piezas de recambio en una cultura ornamental, sostenida en estándares surreales físicos.
Los “modelos” de los medios de hoy no modelan nada real. Son construcciones artificiales sin ningún poder sustentador. No son modelos vivientes.
Divorciados de la tierra y del linaje, sus cerebros revueltos por la escuela y los medios, las generaciones de la actualidad de habitantes citadinos escolarizados son presas indefensas de los seductores mensajes, manifiestos o subliminales, a través de lo cual distantes corporaciones buscan apoderarse de ellos a través de las marcas. Muchas terminan como mujeres Chanel, hombres Lucky Strike, adolescentes Nike, damas Yves St Laurent, hasta bebés Gap… cada uno pavoneándose con sus marcas.
Música ambiental y anuncios de pantallas planas nos siguen aquí, allá y cada vez en más lugares. ¿Alguna vez habremos de ser entretenidos suficientemente? ¿Alguna vez tendremos suficiente? No si los vendedores se salen con las suyas.
Contracultura Química
Los jóvenes, niños e infantes hoy están creciendo en un mundo inundado en decenas de miles de nuevos químicos e incontables combinaciones cuyos efectos en la salud humana o no han sido estudiados o han sido escasamente estudiados. La industria química existe para mejorar o facilitar ciertos limitados procesos con una visión enfocada en obtener ganancias. Los impactos en el humano o ambientales a largo plazo de los químicos que produce no figuran dentro de sus cálculos. En sus negocios, la gente de la industria las llama “externalidades”, factores más allá de su interés y responsabilidad.
Los cuerpos de los jóvenes están permeados por toxinas industriales como nunca antes. Se especula, porque sin estudios masivos a largo plazo y onerosos solo puede denominarse especulación, que estas pociones embrujadas de químicos son un factor determinante de las crecientes tasas de autismo, asma, leucemia infantil y cáncer cerebral, nacimientos prematuros, niñas que entran precozmente a la pubertad y chicos nacidos con anormalidades genéticas.
La segunda fuente de infiltración química en los cuerpos de los niños son los psicofármacos. Hasta 1980, las drogas psiquiátricas eran prescritas solo muy raramente a niños y adolescentes. Hoy son tomadas rutinariamente por millones de jóvenes en una cultura en la cual cada dos años se identifica y mercadea un nuevo “dudoso desorden” con una nueva prescripción lista para tratarlo. Las drogas psiquiátricas hechas para chicos manejables y maestros y padres libres de estrés, pero igual que en el caso de los productores de químicos, los efectos a largo plazo de su uso no son conocidos.
Cambios en el comercio y la industria a lo largo de los doscientos años pasados han ocasionado el auge de grandes, impersonales corporaciones a expensas de las empresas familiares y localizadas. Algunos consideran que las corporaciones son la fuente de muchos de los problemas actuales, pero ¿qué es una corporación? Es una construcción legal, creada por personas, administrada por personas, algunas veces muy bien, y otras muy imprudentemente. Aunque podamos conceder a una corporación legal autonomía y hasta perdonarle las transgresiones que normalmente no perdonariamos a una persona, aun ésta es regida por y ultimadamente responsable hacia las personas.
El desempeño de una corporación dada pueda, por ejemplo, mejorar el ingreso del fondo de pensiones de una abuelita. Pero si las políticas y actividades del conjunto de esta sociedad (la cual existe como la suma de deseos y voluntados de muchos individuos) es cómplice en el suicidio de la nieta de la abuelita, aun cuando las actividades de la compañía sean solo uno en una diversidad de factores conducentes al suicidio, y aun cuando la abuelita no está conciente de la conexión causal, hay algo gravemente erroneo y algo necesita hacerse si queremos seguir viviendo bien en este planeta finito.
Las corporaciones actuales evaden la contabilidad holística y asumir una completa responsabilidad de sus actos. ¿Porqué? Pues porque no esperamos que estas lo hagan.
Cambiar cansa
Estamos girando muy, muy rápidamente. El cambio está siempre en marca. Siempre hay necesidad de estar tomando decisiones. Los humanos nunca antes, fuera de las guerras y migraciones, necesitaron sobrellevar tantos cambios o hacer tantas elecciones, algunas de las cuales con poca información o información sustancialmente incorrecta. Mientras algunas de estas decisiones (¿Qué color de medias uso hoy?) pueden ser triviales y mundanas, otras (¿Debería aceptar ese trabajo en Johannesburgo?) pueden tener implicaciones que alteren nuestra vida totalmente.
La fatiga al cambio es un resultado natural de la era de la razón y la lucha por la libertad de sofocantes religiones e ideologías. La velocidad de la vida también se ha acelerado por el siempre más acelerado ritmo de nuestras tecnologías que colocan una gran importancia a la intemporalidad y la velocidad de interacción. Esto es aumentado también por nuestra ética individualista. La mayoría de adultos hoy toman las decisiones importantes de sus vidas –donde vivir, a qué dedicarse, como gastar su tiempo libre, con quien asociarse– por sí mismos.
No está mal. Está bien. Pero cuando toda esta libertad se transforma en estrés y preocupación, puede hacer daño a la salud.
El Efecto del Exceso en la Dinámica Social
Por milenios, la certeza de sequías o inundaciones recurrentes, guerra o pestes, aseguraron cierta elasticidad e interdependencia en las relaciones sociales. En tiempos de bonanza, todos prosperaban juntos. En tiempos de vacas flacas, la conciencia comunitaria, en cualquier nivel que haya existido, empujó a los miembros de esa comunidad en conjunto a una ética de compartir para cada quien la respnsabilidad de la sobrevivencia colectiva. Si una familia completa pasaba penurias, las familias circundantes podían acercarse y ayudar como pudieran. En una cultura de excesos y de aislamiento sicológico donde hay un poderoso aparato estatal, los individuos pueden sentir una limitada necesidad de la comunidad y su ética de compartir en los tiempos difíciles. El acoso escolar y varias formas de ostracismo escolar pueden también ser percibidos como un resultado de la destrucción de antiguos lazos de interdependencia social.
La nuestra es una extraña variedad de exceso. Hace ciento cincuenta años, la gente tenía mucho, mucho menos. Todo lo que las personas veían en sus casas había sido fabricado por alguien que conocían. El corazón de la familia exudaba un aire de economicidad y sencillez. La economía era vivida en su sentido original de eficientizar la administración de los limitados recursos domésticos. Y la sencillez era considerada una virtud en aquellos días. Hoy, en cambio, nuestras casas están atiborradas con la producción industrial de extraños.
Además, mientras algunos en nuestro planeta se atragantan a sí mismos hasta llegar a un estado crítico de salud, la emergencia de otros es que tienen demasiado poco para comer. Mientras algunos viven una vida de relativo comfort y tranquilidad, con frecuencia lo consiguen porque otros están involucrados en guerras y prácticas no sustentables en las minas, en los bosques, en las granjas y en fábricas y en los mares en su beneficio. Mientras muchos disfrutarían el sabor de un filete recién asado, poquísimos reconocerán el truculento cultivo detrás de sus cenas.
El Abismo Generacional
Nuestros medios electrónicos han puesto de cabeza nuestro concepto de cultura. La cultura solía ser lo que una generación joven tenía que aprender de sus mayores, que incluían personas de la familia, de la aldea o de la iglesia. La cultura incluía las grandes historias de la gente de uno. Incluía modales y ética, danzas tradicionales y úsica Incluía la significancia de ganarse la vida de una manera tradicional, haciendo el trabajo que la familia de uno había venido haciendo desde hace generaciones. Continuidad y herencia ataban sólidamente a los jóvenes con los viejos. Además, los viejos confiaban en las que las generaciones jóvenes velara por ellos en sus años de decadencia tanto como las generacinoes jóvenes dependían de los ancianos para socorrerlos y protegerlos y enseñarles en las costumbres de la vida.
En el mundo de hoy de acelerada obsolecencia tecnológica, el paradigma tradicional dejó de funcionar. El conocimiento antiguo es rápidamente pasado de moda. Ahora son los mayores los que cada vez más son desafiados a aprender y reaprender las costumbres del mundo cambiante moduladas or nuevas maneras de hacer las cosas, mientras que los jóvenes aprenden rápidamente que el conocimiento material de los ancestros no se usa más.
La música y todos los tipos de manifestaciones artísticas están floreciendo, con el resultado de que un decreciente porcentaje de la música, artes visuales, literatura y danzas son producto de generaciones pasadas. Más y más de ello está siendo creado ahora mismo. Puede que no todo tenga la marca de la perpetuidad, pero ahora, ¿quién lo juzga? El brote acelerador de nueva cultura y nueva tecnología favorece un creciente distanciamiento entre lo nuevo y lo viejo. La situación es empeorada por los anunciantes adultos que conspiran para burlar las limitaciones naturales, cautelares y presupuestarias, de los mayores, y ven que lo mejor es capitalizar un greciente y lucrativo mercado de jóvenes.
Conforme la institucionalidad de los viejos se vuelve obsoleta, entonces los ancianos se encuentran a sí mismos cada vez más marginalizados. TAmbién se ha perdido la percepción de la necesidad de una generación más joven. Muchas parejas permanecen intencionalmente sin niños porque los consideran una responsabilidad. Son caros y consumen tiempo. ¿Quién los quiere?
Esto debe ser la primera vez en la historia en que los jóvenes y los viejos se han colocado tan lejos del alcance uno del otro. En lugar de un hilo conductor en la herencia ahora tenemos modelos sociales que aislan no solo a los individuos, sino a generaciones completas, mientras la cultura misma gira sin parar reproduciéndose a sí misma.
En resumen
Cómo resultado de dos siglos de cambios, ahora estamos interconectadoscomo nunca antes, y aun así nuestra sociedad, y quienes vivimos en ella, somos conducidos por intensas fuerzas de aislamiento. Mientras la educación moderna educa, debilita nuestros nexos naturales con la familia y los vecinos. La migración también sirve para crear una sociedad de individuos sin raíces, o grupos de individuos, diferentes a las comunidades tradicionales con elaboradas redes interpersonales. Los altamente individualizados y vulnerables críos de nuestros tiempos son presa de los incentivos y déficits del conglomerado de medios, donde las relucientes corporaciones han copado en muchos sentidos aspectos donde las comunidades tradicionales han dejado espacios. Además, en un tiempo de excesos y plétora, nuestro instinto hacia la seguridad y fraternidad de los vecinos y la familia están enormemente menguados.
¿Podemos confiar en los señores de las corporaciones para manejar el siempre creciente flujo de tecnología que cada vez más dan fora y definición a nuestras vidas diarias? Probablemente no. Los capitanes de la industria, y aquellos que poseen acciones de estas grandes empresas, dificilmente pueden saber los efectos acumulados de todas sus innovaciones lucrativas en el conjunto de nuestra calidad de vida, ni que hablar de las repercusiones que tendrán dentro de dos o tres generaciones.
Somos libres como nunca habíamos sido. Libres de las autoririas barreras de las familias extendidas. Libres de las religiones e ideologías opresivas. Libres de viajar. Libres para entretenernos. Libres de invertir. Libres de asociarnos con quien querramos.
Aun así, aunque nos encontremos en ciudades abarrotadas a nivel mundial, muchos de nosotros experimentamos un inmenso aislamiento y estamos más atados a los ciclos de trabajo que antes. El suicidio de jóvenes en Canadá y muchos otros países del mundo occidental ha venido creciendo desde los años 60. Los jóvenes son la promesa de nuestro futuro, o eso es lo que pensábamos. ¿Es este un precio aceptable a pagar por vivir en una cultura de velocidad y elecciones e innovaciones?
Es el momento de observar alrededor con ojos frescos y ver que es lo que verdaderamente está sucediendo aquí, allá y en todos lados. Necesitamos finalmente conectar cientos de billones de puntos y hacer un modelo multi-dimensional de lo que está sucediendo, para evaluar y acometer mejor las apremientas necesidades de nuestro tiempo; para hacer que lo personal sea global y lo local verdaderamente humano y viable.
Cuatro Pasos en el Camino a Vivir Integro en una Era de Desintegración
- Desacelera. Respira. Desconéctate cada día.
- Conoce tu mente. Cultiva paz -no complacencia- en ella.
- Vuélvete informado sobre asuntos de importancia y cosas que te interesen a ti.
- Organiza tus esfuerzos hacia el mayor bien posible. Haz redes con otros usandos cualesquiera medios disponibles para ti. Valora las relaciones conscientes por sobre todo. Capta la asombrosa sinergía del todo.





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